MARIPOSAS
SIN ALAS
Voy
a comenzar esta historia en Inglaterra, concretamente en Londres, una casa a
las afueras de la ciudad, en ella vive una familia formada por una madre, un
padre y dos niños de siete años, Lucas y Lia. Por cierto, ella es la
protagonista de esta historia. Como iba diciendo, Lia es una niña de siete
años, va al colegio Hammilton situado a tres manzanas de su casa, su mejor
amiga es Sussan y lo que más les gusta hacer es ir a patinar a la pista de hielo
todos los domingos.
Era
veinte de diciembre y como otro domingo más, ellas habían quedado a las cinco
de la tarde en la plaza. Al ver que Lia se retrasaba más de lo habitual, Sussan
empezó a preocuparse, no obstante, mantuvo la calma y llamó a los padres de
Lia. Le dijeron que Lia había salido de casa hacía más de una hora pero que no
había vuelto. Pasaron los minutos, más bien las horas, hasta que consiguieron
encontrarla en el hospital local. Tenía la tibia fracturada en cinco partes,
pero por el contrario había salido ilesa al atropello que había sufrido. El
médico sugirió una operación para reconstruir el hueso e iniciar después la
recuperación. Lia no quería ni pensarlo, mínimo tres meses hasta poder volver a
patinar. Al día siguiente se efectuó la operación, concluida con éxito y
pasadas unas semanas la niña tuvo que volver a la escuela para continuar con
sus estudios.
Primero,
todo fue como de costumbre, pero pasados los días, Lia notó que la gente se
juntaba menos con ella y ya no tenía tantos amigos, ella no sabía la razón ni
el motivo pero, por otra parte, lo entendía ya que había estado sin asistir
bastante tiempo. Confusa por esta situación decidió investigar y una mañana una
compañera le contestó:
-Eres
rara y además vas con muletas, ¿por qué querríamos ser amigas de un bicho raro
como tú? Eres…como decirlo…más bien… ¡Una mariposa sin alas! Eso eres, una
pieza que no encaja en el puzzle, un elemento sobrante.-
Lia
se quedó pensando en esas palabras toda la noche “Una mariposa sin alas” eso le
dolió hasta tal punto que llegó a creérselas y a concienciarse de que sobraba.
Cuando la tristeza inundaba hasta lo más profundo de su alma, pensaba en el
patinaje, ella en los juegos olímpicos, eso era lo que ella más deseaba.
Y
así veinte años después, esa ilusión que me movía por dentro, es decir, esa
pasión, me llevó hasta donde estoy ahora, con el oro colgado del cuello
haciendo honor a mi país y dedicándome a lo que me gusta. En conclusión, a
todas esas personas que os sentís “mariposas sin alas” no os sintáis mal por
serlo, porque como decía mi padre, las mejores personas no son las más
normales, si no las que se enorgullecen por no ser como el resto. FIN
NO SE NECESITAN ALAS PARA VOLAR
¡Hola! Soy
Jay. Tengo 15 años y una amplia familia. Mis hermanas, Lucía y Paola, mi
hermano mayor Oscar y mis padres Dianne y Pedro. Mi familia siempre me ha
apoyado en todo.
Con tan solo seis años les dije que
quería hacer gimnasia rítmica, ellos me apuntaron. No era tan solo bueno en
ello, era el mejor. Constantemente me llamaban maricón, niñita, etc. Pero
ninguna de esas palabras me iba a parar de hacer lo que más me gustaba.
Pasé toda mi vida abriéndome de
piernas, haciendo saltos, piruetas, exhibiciones y recibiendo muchas medallas
hasta hace una semana exactamente.
Mi madre mi hermana y yo íbamos en
coche a una competición. Mi hermana Lucía, una experta en maquillaje, me estaba
dando sombras y arreglándome el pelo mientras mi madre escuchaba la radio.
Llevábamos dos horas en el coche y ya nos estábamos cansando de estar sentados.
Paramos en una gasolinera que
encontramos de paso, y mi madre y yo fuimos al baño mientras mi hermana
compraba algo de picar. En el baño me encontré con un grupo de chicos que se reían
de mi por como vestía, tenían más o menos mi edad, y me daba miedo que me
hicieran algo. Me empezaron a decir que les gustaba mi ‘’vestidito’’ y que el
baño de chicas no era este. Salí del baño un poco enfadado y me fui con mi
familia.
Volvimos al coche, y seguimos
quince minutos de trayecto hasta que una furgoneta nos empezó a seguir. Se
asomaban por la ventanilla y nos tiraban piedras. Eran los chicos que me había
encontrado en el baño. Nos gritaban groserías y mi hermana cogió una piedra que
había caído dentro del coche y se la tiró a ellos. Para nuestra desgracia
rompió su cristal, que hizo que se enfadaran mucho más y tiraran muchas mas
piedras. Mi madre les amenazó con llamar a la policía, pero ellos seguían. Mi
madre tenía una mano en el teléfono marcando el numero de la policía y la otra
al volante. Una de las piedras nos dio en una rueda, lo que hizo que el coche
se desviara de camino, chocara contra otro y volcara.
Abrí los ojos, una luz muy potente
me apuntaba y después se apartó. Me levanté rápido pero unas manos me empujaron
contra una camilla y me dijeron que no me podía levantar. Unas manos de una
enfermera, una camilla de un hospital. La enfermera se fue y me encontraba
solo, o eso creía. A mi lado estaba una chica de 14 años más o menos. Me
miraba. La saludé y ella me dijo que le gustaba mi maquillaje, pero no me lo
dijo a malas. Le di las gracias y le pregunté su nombre. No me respondió, solo
me dijo que me había visto competir en gimnasia rítmica en la tele y que me
admiraba. Le volví a dar las gracias.
‘’¿Cómo es que estás aquí? Hoy
tenías competición’’- Dijo la chica
‘’ Si te soy sincero, no se qué
hago aquí, no se que me ha pasado, yo estaba… no se donde estaba. No recuerdo
casi nada’’- Le respondí. Ella me miró con una sonrisa, como si le hiciera
gracia mi comentario.
-Bueno, ¿tú que haces aquí?- Le
pregunté.
Yo llevo aquí toda mi vida y más’’ me dijo con voz suave.
La puerta se abrió y mis padres, mi
hermana Paola y mi hermano pasaron a la habitación donde me encontraba. Mi
madre estaba llena de moratones pero podía andar y hablar bien.
Mi hermana Lucía pasó después en
silla de ruedas y vino lo más rápido que pudo hacia mi camilla.
‘’Hemos hablado con el doctor’’-
Dijo mi hermano, apenado.
Yo seguía confuso, no tenía ni idea
de qué estaba pasando.
Se fueron todos y me quedé a solas
con el doctor. Lo que yo no sabía es que estas iban a ser las palabras que me
iban a cortar el corazón en pedazos y dejarme roto por dentro.
‘’Tenemos que amputarte la pierna
derecha, no podrás hacer gimnasia rítmica’’- Dijo con voz grave. ‘’Lo siento
mucho chaval’’-
Empecé a llorar y negarme, me
levanté pero el dolor hizo que me cayera al suelo y me quedara llorando ahí. El
doctor me levanto. Le llame tantos insultos como podía y el me ignoró.
Pasó Lucía y me consoló. El resto
de la familia estaba fuera, esperando que me calmara, porque no eran buenos
consolándome.
Me miró con firmeza y me dijo: ‘’Voy a sacarte
de esta hermanito, podrás hacer gimnasia otra vez’’- me abrazó, asintió con la
cabeza y se fue.
Llevaba ya un mes en el hospital.
Mi compañera de habitación y yo nos habíamos hecho mejores amigos. Hacíamos
carreras en silla de ruedas, gastábamos bromas a los cocineros y veíamos
Netflix casi todo el rato.
Hoy era mi cumpleaños y mi familia
y algunos amigos me visitaron. Había regalos, muchos regalos. Una Nintendo, un
móvil nuevo, un par de calcetines de ‘’Stranger Things’’ y un poster de mi
cantante favorito. Solo quedaba un regalo. El de mi hermana Lucía. El regalo
era grande, Y estaba envuelto con un papel de regalo verde, mi color favorito.
Lo abrí y vi una pierna de metal. Sí, una pierna de metal. Pasó el doctor y me
dijo que si me la ponían podía volver a caminar otra vez, y tal vez volver a
hacer gimnasia rítmica, pero dijo que era arriesgado. Empecé a llorar de la
emoción.
‘’Te dije que te sacaría de esta
Jay-Jay’’- Me dijo Lucía, con lágrimas en los ojos.
Acabó mi cumpleaños, era de noche y
el doctor me despertó. Me dijo que me iban a poner la pierna pero que para eso
me tenían que poner anestesia.
Me pincharon algo y me dormí.
Abrí los ojos, era de día. Mi mejor
amiga, Sara, me estaba mirando sentada en silla de ruedas mientras sonreía.
‘’Anda levántate y anda, que quiero
ser la primera en ver como te caes y reirme’’- dijo mientras se reía.
Puse el pie bueno en el suelo, y
después puse la pierna de metal. Me sentía raro, como si fuera un robot. Podía
controlar mi pierna y moverla, como si de verdad fuera mía. Como predijo Sara,
me caí, y ella se rió.
Mi entrenadora pasó a la habitación
y me abrazó.
‘’Anda que te has quedao sin pierna
eh’’-dijo con tono burlón. ‘’Ahora serás como una mariposa sin alas, pero eso
no significa que no puedas darlo todo y volar’’- Me dijo con una dulce sonrisa.
La volví a abrazar y acto seguido
paso el doctor. El doctor me dijo que ya me podía ir.
Abracé a Sara, cogí mis cosas y me
fui a mi casa.
Al día siguiente mi madre me llevo
a entrenar. Me hicieron una fiesta de bienvenida, había tarta, algunos regalos
y un gran cartel que decía ‘’Bienvenido Jay, a ganar medallas otra vez’’ y en
la parte de abajo había una mariposa dibujada.
Volvía a ser mi cumpleaños. He
estado un año entrenando sin parar, y aun que tenga una pierna de metal sigo
siendo el mejor. De vez en cuando visito a Sara y nos echamos unas risas.
Hoy es el día de la competición
nacional. Voy en una furgoneta grande con mi familia, mi entrenadora y mi mejor
amiga Sara.
Ya habíamos llegado al pabellón. Me
tocaba competir. Había un chico joven comentando lo que pasaba por un
micrófono.
‘’Ahora le toca a Jay Martínez, un
joven amante de la gimnasia rítmica que hace un año sufrió un terrible
accidente y no pudo seguir con este deporte. Pero ahora va a por todas. ¿Podrá
Jay volar como solía hacer?’’
Estaba nervioso, la gente me
miraba, cinco cámaras apuntaban hacia mí. Pero cuando sonó la música fue como
si volara, como si estuviera en el cielo. Como si no tuviera una pierna de
metal. Es más, como si tuviera alas.
FIN
MARIPOSAS SIN ALAS
Esta
es la historia de Freddie, un famoso biólogo al que le encantaba crear y
estudiar nuevas especies de animales a partir de otras que ya existían. No
obstante, también estudiaba las plantas, los seres humanos, las células, etc,
pero a ellas no les realizaba ningún cambio.
¡Ah!,
por cierto, me llamo Óscar y tengo 27 años. Mi padre era Freddie y hace unos
años, concretamente hace seis, murió a causa de uno de sus experimentos o
“estudios biológicos” como el los llamaba.
Yo soy hijo único,
además no conocí a mi madre porque falleció, más bien se suicidó, cuando yo
tenía tres meses.
Es decir, después de la muerte de mi padre, sentía que estaba sólo en el
mundo.
Vivo
en la misma casa en la que me crié, y llevo dos semanas sin salir de ella,
porque encontré el diario de mi padre. En él están dibujados, escritos y bien
explicados todos sus “estudios biológicos”. Desde que lo encontré, no paro de
estudiar, sólo como una vez al día, y bebo agua cuando siento que me voy a
desmayar. Y os preguntaréis, ¿cuándo voy al baño, me aseo y todas esas cosas
que un ser humano hace a diario?
Pues sinceramente,
no me ducho, ni me peino, por tanto, parezco un vagabundo. Pero, ¡claro que
hago mis necesidades!
Pero bueno, por otra parte eso no es lo importante. Antes de hacer nada,
os voy a leer una de las páginas del diario de mi padre. Es el “estudio
biológico” de las mariposas sin alas.
DIARIO DE UN BIÓLOGO.
29/6/2011
DÍA
1
¡Hola!, soy Freddie Congs, un prestigioso
biólogo especializado en la creación de nuevas especies de animales a partir de
otras que ya existen.
Ayer, por la mañana, mientras desayunaba con
mi hijo Óscar en el jardín de mi casa, vi una mariposa Papilionidae, un
precioso ejemplar amarillo y negro, y empecé a pensar cómo iba a a evolucionar
su especie.
Al cabo de un rato, me dije a mí mismo que debía crear una especie de
mariposa capaz de volar sin alas.
Al principio parecía imposible, pero para mí
todo es posible si lo haces con amor y constancia.
¡Lo tengo! Son las 05:12 de la madrugada, no
podía dormir, y después de gran parte de la noche pensando, ya se cómo hacer
que las mariposas vuelen sin alas.
Primero, cruzaré dos tipos distintos de
mariposas, da igual que especies sean, lo único importante es que sean
diferentes. Les quitaré sus alas cuidadosamente para no dañarlas, y las
acostumbraré a vivir sin ellas.
Por el contrario, cuando la oruga nazca,
vivirá un tiempo y se convertirá en crisálida, y después en mariposa. No tendrá
alas porque las células que contienen en ellas, no se abran transportado hacia
la nueva especie ya que ninguno de sus progenitores las tenía en el momento del
cruce. Habremos realizado una alteración genética.
Por último, llega el paso más complicado de
todo este estudio biológico. Tenemos que crear una especie de pócima compuesta
de un par de químicos no nocivos. A esta, hay que añadirle una única célula
voladora. Es muy complicado porque se multiplican constantemente y también hay
algunas que mueren. Tenemos que “esterilizar” a la célula para que no pueda
reproducirse. Un inconveniente, es, que
puede explotar, y cuándo se mezcle con el oxígeno que hay en el aire, se
formará un gas letal para todo aquel que lo respire.
¡HAY QUE TENER MUCHO CUIDADO!
Cuando todos los pasos anteriores estén
completados, las mariposas verán que no pueden volar, y su único sueño en su
corta vida será poder hacerlo. En conclusión, las mariposas volarán gracias a
la magia de los sueños.
P.D: Esto último, lo podemos aplicar también
a las personas que se proponen algo, se topan con las dificultades que hay por
el camino, y sueñan en conseguirlo, y al final lo logran.
***
Perdonarme,
pero me tengo que secar las lágrimas. Mi padre murió al día siguiente de
escribir esto, en el último paso, y cuando lo leo se me parte el corazón al
saber que él no pudo conseguir lo que se propuso, por eso, me lo he propuesto
yo, y por él lo voy a conseguir.
Han
pasado tres días desde que os conté lo que tenía pensado hacer, mañana empezaré
con el experimento. Ya tengo a las dos mariposas en el laboratorio, y pronto
les quitaré con mucho cuidado sus preciosas alas.
¡Por
fin ha llegado el día! Hoy empezaré con el estudio biológico. Voy a air paso a
paso, respetando puntos y comas, y sin saltarme nada. Ya he cruzado a las
mariposas, tengo que esperar un tiempo hasta que la metamorfosis concluya,
porque como ya sabréis, primero son orugas, después crisálidas y por último
preciosas mariposas.
Ha
transcurrido por completo el proceso. La mariposa está sana y salva, y además
sin alas. Veo que se siente rara al no tenerlas, pero pronto podrá volar.
Ya
he creado la pócima, todo está saliendo perfecto.
Acabo
de esterilizar a la célula, y voy a inyectarlo todo en el cuerpo de mi pequeña
mariposa.
Ha
pasado un día desde que le inyecté eso, y ¿a qué no lo adivináis?, ¡vuela! Lo
he conseguido, estoy muy feliz. ¡Te quiero mucho papá!
Solo
me falta deciros una cosa. Si quieres, lo sueñas, y te lo propones estate
seguro de que lo vas a conseguir.
FIN
MARIPOSAS SIN ALAS.
La señora Fleury avisó a su compañera de que una niña nueva había
llegado.
En la asociación “Mariposas sin alas” cuidaban de los niños
socialmente desfavorecidos, normalmente estos, disfrutaban mucho allí, ya que
se les prestaba mucha atención.
Volvamos a cuando la señora Fleury entró en la sala diciendo que
venía acompañada de Alma, que, por cierto, iba vestida completamente de negro y
se podría decir que mostraba una actitud pesimista.
Ameli la secretaria, le saludó con un entusiasta ¡hola!, pero Alma
se limitó a hacer un pequeño sonido que esta interpretó como una respuesta.
Al ver a la niña nueva por primera vez, la señora Fleury
simplemente pensó en que era más bien tímida, por el contrario Ameli se percató
de que era diferente, es decir, tenía algo que la hacía especial.
Por otra parte, Alma estuvo mucho tiempo viviendo en la casa de la
asociación. Debido a su orfandad y a que nadie la visitaba, no se la veía mucho
fuera de su habitación, además solo hablaba en extrañas ocasiones en las que
tuviese algo importante que decir, y lo hacía con un tono tan bajo, que parecía
no tener voz.
Por tanto Ameli empezó a preocuparse por ella e intentó varias
veces establecer una conversación seria con la niña, pero no obtuvo ningún
resultado.
Cada vez que alguien entraba en su habitación ella tenía un viejo
cuaderno entre manos, que escondía entre las sábanas.
En conclusión, la niña “nueva” era igual de desconocida que cuando
llegó.
Un día siguiendo la rutina de siempre; Ameli entró en el cuarto de
Alma para ver cómo estaba.
Pero esta vez ella no se encontraba ahí, escribiendo en su
cuaderno; Alma estaba con toda la muñeca ensangrentada, y tumbada en el charco
de su propia sangre; En su mano llevaba el cuaderno, y con letras mayúsculas se
diferenciaba la frase:
“MARIPOSAS SIN ALAS, TODO LO QUE SENTÍA Y NO DECÍA”.
Ameli corrió llorando escaleras abajo, y se limitó a entrar en su
despacho y empezar a leer el cuaderno.
Con una voz rota y dolorida leyó:
-Tengo todo el talento para volar, pero me faltan las alas.
Ameli se derrumbó y no
pudo seguir leyendo.
UNAS
NUBES BLANCAS HABÍAN SUSTITUIDO A LAS NEGRAS
Toda esta historia empieza la
semana del 16 de enero del 2019 cuando nos damos cuenta de que mi padre
Santiago empieza a tener fiebre, mucho cansancio, cambios en la piel, pérdida
de peso inexplicable, etc. Decidí llevarle al médico para que me dieran una
respuesta de lo que le pasaba pero me dijeron que tendrían que hacerles pruebas
y me dieron una cita. Al día siguiente llevé a mi padre al hospital para que le
hicieran las pruebas, ese mismo día mi padre debilitó más y ya no se podía
levantar de la cama, semanas después llegaron las pruebas, y detectaron que
tenía cáncer de estómago, decidí llevarlo otra vez al hospital y lo ingresaron.
En ese mismo instante llamé a mi madre para que viniera, ya que yo no
sabía qué hacer con tan solo 16 años. Yo
era la pequeña de la familia y la única
que estudiaba en esos momentos, muchos días me quería quedar con mi padre en el
hospital pero mi madre no me dejaba, ya que tenía que estar atenta a mis
estudios. Meses después conocí a un chico que se llamaba Carlos, él me parecía
guapo, amable y gracioso. Días después me pidió que fuera su novia y yo acepté.
Durante varios meses estuve muy feliz ya que no había tenido problemas con
Carlos y mi padre no había vuelto a recaer. Pero el 20 de febrero mi padre fue
hospitalizado otra vez, por un dolor muy fuerte, ese día estaba lloviendo y aun
así decidí ir corriendo desde mi casa al hospital y hacerle compañía, más tarde
el médico dijo que ya estaba mejor y nos recetó un medicamento. Cuando salimos
del hospital ya no llovía y pensé “unas nubes blancas habían sustituido a las
negras. Casi lo mismo que estaba pasando en mi corazón”. Hasta que llego el 3
de mayo de 2019 cuando mi madre me llamó en horario escolar y me dijo que mi
padre había recaído otra vez y que está vez iba a ser más difícil y podría que
no saliera adelante. Inmediatamente pedí permiso en la universidad para ir al
hospital, y me la aceptaron. Cuando llegue el hospital mi padre había muerto.
En ese mismo momento me derrumbé al pensar que no había estado los últimos
minutos de su vida con él y hoy e día me sigo sintiendo culpable.
Mariposa sin alas
Por cierto, sabéis que
hoy en día el bulling es una de peores cosas que existe, hoy vamos a hablar
sobre el caso de Martina López. Martina López era una chica de tan solo 15
años, ella era una chica muy tímida y le costaba relacionarse con las personas.
Al llegar a su nuevo instituto, toda la gente la veía rara y empezaron a
meterse con ella. Martina lo pasó muy mal, entro en una depresión muy fuerte ya
que no sabía cómo reaccionar a esos comentarios, hasta que un día, no obstante,
decidió levantar cabeza y enfrentarse a ellos. Pasados unos días se enteró de
que iban a hacer una fiesta en la que, por lo contrario, no estaba invitada, a
ella no le importó. Así que, por lo tanto, tomó la decisión de que iba a ir a
esa fiesta. Llego el 16 de junio de 2008, el día en el que Martina se graduó y
también, por otra parte, el día en el que Martina se iba a enfrentar a sus
miedos por primera vez. Aquella noche, cuando Martina bajaba las escaleras de
su casa, dejó sorprendidos a sus padres, ya que ellos llevaban muchísimo tiempo
sin ver a su hija así, es decir, elegante. Martina llevaba un vestido negro
ajustado a su cintura, unos tacones negros y un precioso collar, además de
llevar el pelo rizado y recogido con una pinza. Después de todo lo sucedido en
su casa, Martina fue al local donde se celebraba la fiesta. Al entrar toda la
gente se le quedó mirando fijamente, menos un chico. Pasado un rato, un chico
se le acercó y le preguntó su nombre. Ella respondió e iniciaron una
conversación. Al llegar Martina a su casa se dio cuenta de que se notaba rara,
hasta que se dio cuenta de que había logrado hablar con alguien, o más bien, de
que se había enamorado de un chico, al cabo de un tiempo Martina pudo superar
todo y decidió salir con Lucas, el chico que le gustaba. En conclusión, hoy en
día Martina ha conseguido sacarse su
carrera universitaria y trabaja como psicóloga profesional, Martina le cuenta a
sus pacientes su historia y se la describe como una mariposa sin alas ya que
cuando estas en esa situación crees de no poder salir adelante hasta que un día
te atreves y consigues salir adelante, y conseguirás ser una mariposa con alas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario